GODZILLA KING OF MONSTERS (2019) [Michael Dougherty]


Esta película es un fracaso por varios motivos, algunos de ellos técnicos, otros de simple corazón. La película tiene, efectivamente, un alma, aunque esté afectada de una profunda enfermedad. Que esta película quiera ser la excitante nueva entrega de otro universo cinematográfico compartido al estilo de lo que Disney está haciendo con Marvel es casi lo de menos. No hay nada de malo en ello: a ninguna empresa se le puede recriminar el afán de dinero porque las empresas se fundan con ese objeto, y las productoras no son menos.

Yo he sido fanático de las películas de Godzilla desde que era pequeño, cuando llegó la inefable versión del monstruo a España de mano de R. Emmerich en 1998. Me sentí especialmente entusiasmado con la llegada de una nueva versión americana en 2014 a manos de G. Edwards (película que llegué a ver 3 veces en el cine), no por nada, sino porque si los japoneses con menos recursos eran capaces de hacer grandes cosas (la original de 1954 es una obra maestra, pero hay muchas joyas escondidas en medio de las decenas de películas de Godzilla producidas en el Japón), me imaginaba que los americanos, invirtiendo más recursos, sacarían un resultado mucho mejor. La historia me demostró lo contrario, naturalmente.

La presente entrega está por tanto a la sombra de tres películas, por un lado las dos entregas anteriores de esta saga (Godzilla 2014 y Kong Skull Island 2017), y por otro de la nueva versión japonesa del personaje (Shin Gojira, 2016) que tuvo como guionista nada menos que a Hideaki Anno, el genio detrás de la serie Evangelion, posiblemente una de las grandes obras de artes de toda la historia de la animación. La razón para llamar a un guionista de semejante calibre es sin duda que Toho quería una gran película de Godzilla que compitiese con la versión americana. A todo esto tengo que decir que yo, mientras tanto, sigo muy feliz con que se hagan películas de Godzilla, salgan buenas o malas, porque las veo y las disfruto todas.

Comparada por tanto con estas tres, Godzilla King of Monsters pierde mucho. Su principal problema es para mí un misterio: ¿quién tomó el rumbo artístico de la película? ¿quién decidió que en la película no se viese nada? ¿quién o quiénes fueron los que decidieron que la película debía ser una mancha visual en movimiento que se agita constantemente? Mi teoría es que no fue Dougherty, que dirigió una de mis películas favoritas de los últimos 10 años, Krampus (2015), sino que fue la producción que, viendo los desarrollos actuales de montaje y cámara, decidió que había de ser enfatizada la agitación y el movimiento de cámara, aunque fuese a costa de la calidad de la película. Realmente, sólo tengo claras dos tomas de toda la película, donde tuvieron la idea de dejar a la cámara ser y a los actores actuar, y sobretodo, dejarnos a los demás ver lo que pasa.

Edwards y Vogt-Roberts, directores de las anteriores entregas de la saga, cuidaron muy bien el aspecto visual de la película. Ambos entendieron que el monstruo funciona si se ve, y para verlo bien y que dé miedo la cámara tiene que estarse quieta, o al menos, lo bastante reposada como para apreciar todo, a lo cual acompaña un montaje que no rápido, sino que tiene el ritmo adecuado al tema. Edwards quiso enfatizar el aspecto de terror: puso énfasis en el descomunal tamaño de los monstruos, y su aspecto horrible, usando planos rodados desde la perspectiva de observadores reales, pero dando juego a planos abiertos cuando la acción lo requería, dando lugar a planos inolvidables y momentos brutales que no dejan la memoria. Vogt-Roberts quería la acción: escenas de lucha en pleno día con monstruos gigantes, dejó de lado el estilo de Edwards para hacer algo más cercano a la acción que al terror. Si bien ninguna de estas dos películas son grandes películas, al menos tienen las virtudes que tienen.

Dougherty me parecía el director ideal para esta película precisamente porque en Krampus, que es una película de terror, el director descansa precisamente en este tipo de cinematografía limpia, pausada, a fuego lento, y sobretodo, en los efectos prácticos. Pocas cosas son en el Krampus hechas con el ordenador: todo son muñecos, marionetas y disfraces (muy al estilo de Jim Henson). Precisamente por este antecedente juzgué que Dougherty, realmente, habría cobrado por decir "acción" al equipo de rodaje y hacer las cuatro cosas técnicas, y que serían los productores de la película los que estarían en su desesperación ordenando cosas extrañas del tipo "mueve la cámara así to guapo pa'llá y pa'ca así que no se vea nà, abe? 'amonô".

Es la única explicación posible.

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