GRIZZLY MAN (2005) [Werner Herzog]


Hacer un documental no es lo mismo que hacer una película normal por varios motivos, entre ellos está el propio espectador, quien muchas veces no está esperando encontrarse con una experiencia cinematográfica, sino con datos narrados. Otro motivo es que mientras que una ficción parte de una historia, un guión escrito que interpretarán otros actores, un documental, aún partiendo de una historia también, incluso a veces de un guión, está sujeto a cambios y giros en el propio proceso de investigación, lo que puede suponer que el resultado final apenas tenga que ver con la idea original. Puede pasar que una serie de personas te nieguen una entrevista, o que durante una entrevista descubras cosas que no sabías antes y que alteran tu percepción de la historia. Es efectivamente un género tan apegado y dependiente de la realidad misma, y a su vez tan condicionado por lo que el espectador espera de él, que hacer una obra de arte es realmente difícil -- pero tenemos a Werner Herzog.

Grizzly Man es lo que sucede cuando una historia extraordinaria es narrada por un hombre extraordinario. Timothy Treadwell, que durante años había estado veraneando con los osos en Alaska, es un día asesinado y devorado por uno de ellos. Durante este tiempo el propio Timothy se graba a sí mismo con ayuda de una cámara (y ocasionalmente de alguna otra persona), es decir, Timothy está él mismo realizando su propio documental, está escribiendo su historia, una historia donde hay reflejada una visión personal de los osos y de la naturaleza, una visión de lo que él considera su epopeya personal. Werner Herzog, entonces, recoge ese mismo material y (re)construye esa misma historia y el contexto de la misma para dar una visión totalmente opuesta a la Timothy Treadwell en prácticamente todos los aspectos. Esa es la magia del documental.

Las entrevistas que completan las grabaciones de Timothy están para dar contexto y sentido a la historia que hay detrás de la historia que nos narra el mismo Timothy. Desde las escenas con su familia, amigos, ex-novia, el piloto que lo traía o el médico forense: todas sirven para dar otro significado nuevo a las peripecias del protagonista. El resultado de todo este proceso de escenas rodadas para este documental y de escenas rodadas por el propio protagonista es una experiencia cinematográfica: se está haciendo cine de la forma más compleja: narrar una visión del mundo a partir de un material que tiene otra visión del mundo. La propia historia de Timothy se integra en la narrativa del propio Herzog.

Herzog cuenta con, entre otras cosas, una herramienta especial: dejar la cámara donde tiene que estar y dejar que la entrevista se disuelva con el paso del tiempo. El director muestra a los personajes hieráticos, como esperando a que la cámara se apague o a veces pensando que ya está apagada. No parece mucho, pero la da una vida diferente al resto de documentales, porque sus personajes saben que están en un documental, pero en esos momentos no saben como comportarse: hay una incomodidad extraña en todo ello, algo que inquieta. Herzog además, reservando su presencia para un único momento de la película, consigue convertirse él mismo en una herramienta dramática singular.

Werner Herzog es, realidad, un narrador que, en su experiencia y en su desconocimiento de la historia del cine en oposición a personas como Martin Scorcesse or Steven Spielberg, quiere simplemente contar historias y las cuenta sin reparo, con esa cierta poesía que descansa en un lenguaje visual sencillo, natural. La película tiene ciertamente el ritmo de una conversación con el espectador: Herzog narra como si estuvieran a tu lado contándotelo, con una naturalidad visual que cuenta con sus propios artificios y su propio lenguaje.

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